En el Día de la Tierra, la organización ambientalista revela los impactos más graves que enfrenta Chile: toneladas de ropa desechada en el norte, contaminación industrial persistente y la amenaza a glaciares y biodiversidad.
Cada 22 de abril se conmemora el Día de la Tierra, una efeméride que desde 1970 busca concientizar sobre los problemas ambientales que enfrenta el planeta. En Chile, esta fecha llega con una postal desgarradora: el Desierto de Atacama, uno de los ecosistemas más singulares del mundo, convertido en un basural textil a cielo abierto. La organización ambientalista Greenpeace ha revelado una fotogalería que da cuenta de este y otros impactos ambientales críticos que afectan a nuestro territorio.
En una de las imágenes principales se muestra uno de los estados ambientales más alarmantes que vive el territorio nacional: montañas de ropa en medio del desierto más árido del planeta. Telas de colores desteñidos por el sol, etiquetas extranjeras y prendas en descomposición configuran un paisaje distópico. Según cifras de la CEPAL, solo en 2021 ingresaron a Chile 156 mil toneladas de ropa usada (y muchas veces también nueva), provenientes principalmente del norte global. Se estima que un 60% de esta termina abandonada en vertederos ilegales, muchos de ellos emplazados en el Desierto de Atacama, transformando a esta zona en el destino final de la basura textil del mundo.
Desde Greenpeace alertan sobre las consecuencias de este fenómeno. Además del impacto visual, la acumulación de ropa implica una grave amenaza para los suelos, la fauna y el aire: muchas de estas prendas están compuestas por fibras sintéticas que tardan décadas o siglos en degradarse, y su quema informal libera sustancias tóxicas. Se trata de un síntoma de un sistema de consumo insostenible, donde la industria de la moda rápida externaliza sus residuos hacia territorios que quedan fuera de la vista del consumidor global.
Este vertedero en el norte de Chile no es el único punto crítico que denuncia la organización. A través de una serie fotográfica, Greenpeace visibiliza además otros conflictos socioambientales urgentes: la persistente contaminación en Quintero-Puchuncaví tras más de 50 años como “Zona de Sacrificio”, la desaparición de playas por la expansión inmobiliaria en el litoral central, la amenaza a los glaciares por la minería en la Cordillera de los Andes, y la alta concentración de partículas finas en el centro-sur del país, con ciudades como Coyhaique y Osorno entre las más contaminadas de América Latina.
En un país donde los ecosistemas enfrentan presiones constantes por intereses económicos, la advertencia es clara: Chile no solo es víctima del cambio climático, sino también escenario de profundas crisis ambientales. Desde el norte desechado hasta el sur biodiverso, el llamado de Greenpeace es urgente: ver, comprender y actuar antes de que el daño sea irreversible.

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