Activistas de Extinction Rebellion intervinieron el icónico monumento neoyorquino para denunciar la complicidad del sistema financiero en la crisis climática.
El 22 de abril, en plena celebración del Día de la Tierra, un grupo de activistas ambientales de la organización Extinction Rebellion protagonizó una acción directa frente a la Bolsa de Nueva York. El blanco de la protesta: el famoso Toro de Wall Street, símbolo global del poder financiero.
La escultura fue cubierta con pintura verde neón lavable, mientras los manifestantes desplegaban pancartas con mensajes como “El capitalismo mata al planeta” y exigían el fin de las inversiones en combustibles fósiles. La intervención fue breve y pacífica: tras la llegada de la policía, los activistas limpiaron la estatua y se retiraron sin incidentes. “No estamos aquí para vandalizar; estamos aquí para enviar un mensaje”, declaró uno de ellos.

La acción buscó visibilizar el rol que juega Wall Street en el financiamiento de industrias contaminantes. Según el informe Banking on Climate Chaos, desde el Acuerdo de París, los grandes bancos estadounidenses han invertido más de 4 billones de dólares en proyectos ligados a combustibles fósiles.
El toro, instalado en 1989 por el artista Arturo Di Modica, ha sido antes escenario de protestas sociales. Esta vez, se convirtió en el lienzo de un reclamo ambiental global que también resuena en países como Argentina, Chile y Colombia.

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