La Conferencia de las Partes número 30 (COP30), que se celebrará en Belém, Brasil, ennoviembre de 2025, se perfila como el evento climático más decisivo de la última década.
Con efectos del cambio climático que se vuelven cada vez más intensos y devastadores,esta cumbre representa un ultimátum para alcanzar acuerdos efectivos que permitan mitigar el calentamiento global y proteger los ecosistemas esenciales. La experiencia de la COP29, realizada en Bakú, Azerbaiyán, del 11 al 22 de noviembre de 2024, ofrece importantes lecciones y advertencias para los preparativos de Belém.
Expectativas para la COP30
La COP30 ha sido catalogada como una oportunidad única para transformar las lecciones aprendidas de eventos previos en compromisos ambiciosos y acciones concretas. La elección de Belém, conocida como «la puerta de la Amazonía», subraya la urgencia de proteger este ecosistema vital, que juega un papel clave en la regulación del clima global.
Activistas y líderes de todo el mundo ya han manifestado sus expectativas, enfatizando la necesidad de abordar la justicia climática, el financiamiento adecuado y la transición energética. Según Maureen Santos de la Federación de Organismos para la Asistencia Social y Educativa (FASE) esta COP “será una oportunidad para que los movimientos y organizaciones sociales fortalezcan el movimiento global por la justicia climática, los derechos territoriales y la transformación socioambiental.”
Por su parte, Ivonne Yánez, integrante de Acción Ecológica, se ha referido a la toma de acción específica que deben hacer las naciones que liberan las emisiones más altas de CO2 a nivel mundial. “Los países contaminadores deben pagar una multa y no una tasa para seguir contaminando. Una multa tiene que ver con el reconocimiento de la deuda ecológica. “La multa es impunidad y tiene que ver con todo lo que se ha negociado en esta COP y en las anteriores.”
Amazonía: Protagonista de la COP30
La elección de Belém como sede de la COP30 no es casual. Conocida como «la puerta de la Amazonía», esta ciudad brasileña simboliza la importancia de preservar uno de los ecosistemas más vitales del planeta. La Amazonía desempeña un papel crucial en la regulación del clima global, pero enfrenta un punto de inflexión alarmante: desde 2006, el estado de Pará, donde se encuentra Belém, ha liderado la deforestación en la región, poniendo en riesgo la estabilidad ambiental de esta vasta área tropical.
El presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, lideró la candidatura de Belém como sede del evento, argumentando que este es el momento de destacar la relevancia de la Amazonía en la geopolítica climática. João Cláudio Tupinambá, profesor de la Universidad de la Amazonía, enfatizó: «La COP30 no debe limitarse a un evento de negociaciones superficiales. Esta es una oportunidad para garantizar que los beneficios queden en la región y destacar el conocimiento único que ya hemos producido aquí.»
La ciudad de Belém enfrenta importantes desafíos para estar a la altura de las demandas logísticas de una cumbre global de esta magnitud. Más de 40.000 participantes asistirán al evento, pero la infraestructura de la ciudad, desde la capacidad hotelera hasta el transporte público, necesita mejoras significativas. Además, problemas sociales como la falta de acceso al agua potable para el 23% de la población y la carencia de un sistema de alcantarillado funcional reflejan un panorama de desigualdad que exige soluciones urgentes
COP29: desafíos persistentes
La COP29 generó grandes expectativas al ser apodada «la COP de las finanzas». Sin embargo, dejó un sabor agridulce entre los participantes. Aunque algunos avances importantes fueron reconocidos, especialmente en términos de financiamiento y la creación del Fondo de Pérdidas y Daños, las metas alcanzadas estuvieron lejos de lo necesario para frenar la crisis climática.
El Nuevo Objetivo Colectivo Cuantificado, que aumentó de 100.000 millones de dólares anuales para 2020 a 300.000 millones de dólares anuales hasta 2035, sigue siendo insuficiente frente a las necesidades de financiamiento estimadas en 1,3 billones de dólares al año para que los países en desarrollo puedan adaptarse y mitigar los efectos del cambio climático. Según Diego Pacheco, negociador boliviano: «Este acuerdo es un insulto a la demanda de los países en desarrollo, que necesitan soluciones reales y no promesas vacías para enfrentar las consecuencias del cambio climático.»
Además, las dinámicas políticas entre las principales potencias marcaron las discusiones. La postura de Estados Unidos, con Donald Trump nuevamente en la presidencia, prioriza el fortalecimiento de la industria de combustibles fósiles y los intereses económicos a corto plazo, distanciándose de los compromisos internacionales. Por otro lado, China destaca hoy como un actor clave, posicionándose como líder en la transición energética y la defensa de metas más ambiciosas.
Críticas al modelo de financiamiento y mitigación
La COP29 enfrentó fuertes críticas por parte de los países en desarrollo. Se acusó al modelo de financiamiento pactado de perpetuar dinámicas de «colonialismo climático», donde las cargas económicas y climáticas recaen de manera desproporcionada sobre las naciones más vulnerables.
Por otra parte, el compromiso de reducir las emisiones globales en un 43% para 2030 sigue pareciendo una meta lejana, ya que los planes nacionales actualizados previstos para 2025 no ofrecen garantías de éxito.
Un área que generó cierto optimismo fue la integración de metas climáticas y de biodiversidad, particularmente el compromiso de restaurar el 30% de los ecosistemas degradados para 2030. Sin embargo, la falta de un plan claro de implementación dejó en duda su efectividad. Evans Njewa, diplomático de Malaui, advirtió: «Sin una hoja de ruta concreta, estas metas corren el riesgo de quedarse como meros compromisos simbólicos.»
Una cumbre decisiva: Financiamiento, justicia climática y biodiversidad
La COP30 en Belém será un punto de inflexión no solo para Brasil, sino para la acción climática global. Las expectativas están puestas en que los países lleguen con compromisos más ambiciosos y concretos en tres áreas clave: financiamiento climático, justicia climática y transición energética. Además, la cumbre deberá abordar de manera integral los desafíos de biodiversidad, siguiendo los lineamientos del Acuerdo de Kunming-Montreal.
Laura García, especialista en Naturaleza de Lombard Odier Investment Managers, destacó en una columna de opinión: “La transición hacia una bioeconomía circular, que se prevé que sea uno de los puntos clave de la COP 30, subraya la necesidad de que las industrias trabajen principalmente con la naturaleza para transformar sus cadenas de valor y abordar de forma holística los aspectos sociales, climáticos y de biodiversidad.”
Mientras Belém se prepara para recibir a líderes científicos, activistas y empresarios internacionales, la COP30 será una prueba definitiva de la capacidad de la humanidad para unirse en torno a objetivos comunes. El éxito de la cumbre dependerá de transformar las lecciones de la COP29 en acciones concretas y garantizar que los compromisos adquiridos no sean meras palabras, sino un camino real hacia el abordaje integral de la crisis climática.
La COP30 no solo será una reunión entre países, sino un llamado global para proteger el futuro del planeta. A medida que los efectos del cambio climático se hacen más evidentes, el mundo mirará a Belém en busca de soluciones efectivas y duraderas.

Deja un comentario