El Día Internacional de la Biodiversidad se conmemora este año en un contexto complejo, marcado por la incertidumbre económica global y por los desafíos que persisten en la agenda ambiental. A pesar de algunos avances logrados durante 2024, el panorama para la protección de la biodiversidad continúa presentando tensiones importantes entre los compromisos asumidos y su implementación concreta.
Uno de los hitos ambientales del año pasado fue la COP16 de Biodiversidad, celebrada en Cali, Colombia. Esta instancia congregó a representantes de gobiernos, sociedad civil, sector privado y comunidades locales con el objetivo de avanzar en la implementación del Marco Mundial de Biodiversidad Kunming-Montreal, aprobado en 2022. Dicho marco establece metas para 2030, entre ellas proteger el 30% del planeta y restaurar ecosistemas degradados.
Si bien la cumbre convocó a un número récord de participantes, también puso de manifiesto las dificultades actuales: muchas estrategias nacionales de biodiversidad llegaron incompletas o en etapas tempranas de desarrollo, y no se lograron acuerdos sustanciales sobre el financiamiento necesario. Esto obligó a que algunos de los puntos más relevantes fueran postergados para una nueva ronda de negociaciones en febrero de 2025 en Roma.
Informes científicos: naturaleza y bienestar humano, interconectados
A fines de 2024, el Panel Intergubernamental de Biodiversidad y Servicios Ecosistémicos (IPBES) publicó dos informes clave. El primero, conocido como informe Nexus, analiza las interrelaciones entre biodiversidad, salud, agua y alimentación. La conclusión principal señala que la pérdida de biodiversidad no solo afecta a los ecosistemas, sino que también compromete el bienestar humano, desde el acceso a agua limpia hasta la seguridad alimentaria y la prevención de enfermedades.
El segundo informe, centrado en el cambio transformativo, plantea alternativas de gobernanza y organización social para integrar la conservación en el desarrollo económico y los modelos de producción y consumo.
Ambos documentos coinciden en un punto: la necesidad de una transición hacia formas de vida más sostenibles, reconociendo el valor intrínseco de la naturaleza y su rol esencial en la vida humana.
Un nuevo enfoque: la “diversidad oscura”
En paralelo, un estudio publicado recientemente en la revista Nature trajo un enfoque innovador: el concepto de diversidad oscura, entendido como el conjunto de especies que, aunque podrían habitar ciertos ecosistemas, hoy están ausentes debido a la fragmentación del hábitat o a actividades humanas. El estudio, con participación de científicas y científicos argentinos, se basó en el análisis de más de 5.000 sitios a nivel mundial.
Los resultados evidencian que en zonas con alta actividad humana, la proporción de especies potenciales presentes cae significativamente. Esto sugiere que incluso en ecosistemas aparentemente conservados podrían estar ocurriendo pérdidas difíciles de detectar con los métodos tradicionales. Según los autores, esta métrica puede ofrecer nuevas herramientas para diseñar políticas de restauración más efectivas.
Desafíos para 2025 y más allá
La conmemoración de este nuevo Día de la Biodiversidad invita a reflexionar sobre los pasos a seguir. Si bien los compromisos internacionales existen, su implementación requiere coordinación, financiamiento y una mirada de largo plazo que trascienda ciclos políticos y coyunturas económicas.
Expertos y expertas coinciden en que avanzar hacia modelos de desarrollo compatibles con la conservación requiere integrar conocimientos científicos, prácticas locales y marcos de gobernanza flexibles. También se destacan la importancia de fortalecer la educación ambiental, promover el consumo responsable y garantizar que las decisiones sobre el uso del territorio consideren la diversidad biológica como un factor clave.
Como señala el lema de este año —“Armonía con la naturaleza para el desarrollo sostenible”—, el desafío está en encontrar ese equilibrio, tanto a nivel local como global.

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